PLATOS PEQUEÑOS PARA COMER MENOS
26 de Octubre de 2011 por
admin
Con el fin de mantener el equilibrio dietético hay que familiarizarse con el concepto de “porción saludable” y consumir con mesura los alimentos más energéticos.
La experiencia nos dice que cuando nos servimos más cantidad en un plato tendemos a comer más, a pesar de no tener hambre, o pese a habernos podido saciar con menos. Esto es relativamente habitual cuando vamos a comer fuera, especialmente en restaurantes donde sirven raciones de un tamaño mayor al que solemos estar acostumbrados. Científicos de la Universidad de Illinois confirman esta teoría: la gente come hasta un 45% más de alimentos cuando se sirven porciones más grandes.
Distorsión de la porción saludable
Las medidas de los alimentos y las comidas que consumimos han aumentado; hablamos en muchos casos de raciones gigantes de alimentos, raciones XXL. En muchos restaurantes, sobre todo en los de comida tradicional, en el supermercado y hasta en los libros de cocina, las porciones son mayores, incluso más grandes que hace unos años. La oferta de «más comida por menos dinero» que la industria alimentaria lanzó en la década de los setenta se ha extendido a casi todas las áreas de la alimentación.
Esta aceptación generalizada de «más por menos» es una realidad que preocupa a médicos, nutricionistas y responsables de la salud pública. Según Kelly Brownell, experto en obesidad de la Universidad de Yale, «no es sorprendente que las empresas utilicen este gancho para enriquecerse, pero la consecuencia es la sobreingesta, la población occidental se está acostumbrando a medidas de bebidas y alimentos que superan con creces sus necesidades». Según los investigadores de la Pennsylvania State University, comemos más cuanto más nos servimos y el tamaño del recipiente o el envoltorio influyen subliminalmente sobre la cantidad de alimento que tomamos. Además no compensa comer menos al día siguiente de haberse hartado.
El hecho de no comer no implica que se adelgace, de lo que se trata es de comer bien.
¿Quién es capaz de dejar la bolsa grande de patatas fritas o de pipas a medias una mañana de domingo a la hora del aperitivo? La diferencia de picar unas “chips” de un plato, a sucumbir al reclamo de la bolsa, es de alrededor de 700 kilocalorías, es decir, el 35% de las necesidades energéticas de todo un día. Saltarse la cena después de los excesos no sirve de nada ya que el «no comer» no adelgaza. El mejor método para no engordar es «comer bien». La ingesta de 100 kilocalorías diarias de más puede dar lugar al aumento de cuatro kilos y medio de grasa en un año y, para compensar, la solución sería caminar durante veinticinco minutos como mínimo cada día.
Parece que el quid de la cuestión radica en analizar la cantidad de lo que comemos en mayor medida incluso que la calidad. De hecho, es posible no ganar peso mediante la ingesta de «comida rápida» si se saben mesurar las raciones. En este sentido, James Painter, de la Easter Illinois University, ha publicado “Portion size me”, evocando al ya famoso reportaje “Super size me” en el que un periodista se somete a la dieta “super size”, basada en raciones gigantes de productos de Mc Donald’s durante un mes. En contreto, este investigador sometió a dos estudiantes de Nutrición Humana y Dietética a una dieta basada en comida rápida comprada en restaurantes especializados o en gasolineras. A los dos les dieron orientaciones sobre las raciones que debían consumir en cada ingesta y el peso de ambos no aumentó tras el experimento.
La conclusión es que, aunque el marketing y la industria alimentaria juegan un papel relevante en nuestras elecciones alimentarias, al fin y al cabo, la decisión es una cuestión de responsabilidad individual. Cada persona es la que valora si aquello que le ofrecen tanto en cantidad como en calidad, será saludable y bueno para él o todo lo contrario.
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El brécol, por su parte, atesora buenas concentraciones de magnesio, que contribuye a expulsar los tóxicos del organismo, lo que sin duda se nota en la piel. También posee propiedades antiestrés. No debemos olvidar al tomate, una hortaliza muy consumida, que aporta un pigmento con cualidades antioxidantes: el licopeno.
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